¿Dónde están mis discos, mamá?

 

¿Dónde están mis discos, mamá?

Alguna vez hemos hecho esta misma pregunta a nuestras madres. Tal vez no refiriéndonos a discos sino a cualquier otra cosa que, por arte de magia, hubiera desaparecido. Sabiendo de antemano, cuales van a ser sus respuestas inmediatas, seguimos preguntándolo. "¡En su stito!" Dice ella como si ese no fuera mi primer lugar donde buscar. "¿Has mirado bien?" ¿Perdona? Son mis discos, claro que he mirado bien. ¿Hay alguna otra forma de mirar si algo está en su sitio que no sea bien? "Vuelve a mirar, anda" A estas alturas el cable rojo y el azul se te empiezan a cruzar y la cara se te sonroja poco a poco de exasperación. Miras ofuscado por toda tu habitación y gran parte de la casa mientras tu madre oye tus pasos cada vez más fuertes mezclándose con el ruido de todos tus trastos cayendo al suelo a causa de tu interminable búsqueda. Entonces suelta la gran bomba atómica: "Como tenga que ir yo..." No, por ahí no paso. Mi ego está a punto de romperse en mil pedazos. Cuando mi madre cruce esa puerta, lo que estoy buscando saldrá de un cajón de Harry Potter, del armario de Narnia o del bolso de Mary Poppins. Además, seguro que hará alguna alusión al desastre formado en mi cruzada por encontrar los discos perdidos. Así que, recordando que toda la música ya está en tu ordenador, ipod, ipad, iphone, etc, desisto y entono un "Ya está, ya los he encontrado".

Pero un día llegué a oir una risita, una risita malévola y esa fue la última pieza del puzzle que me faltaba. Imágenes empezaron a aparecer en mi mente cual protagonista en el desenlace de una película. Ví algo colgando de los hombros de todas la mujeres próximas a mi vida, tías, abuela, vecinas, primas, novia, algo que para mi estaba nublado, algo que mi mente no podía descodificar hasta ese momento... ¡Bolsos hechos con discos de vinilo! Todo estaba relacionado. La desaparición de mis discos de los Rolling, Guns & Roses, Bon Jovi, con la felicidad dibujada en los rostros de dichas mujeres. Fui corriendo al despacho/taller de mi madre y allí estaba, la imagen más dantesca que he presenciado. Mi madre estaba perforando a uno de mis "niños" con una aguja de coser más larga que un dedo. Entre incredulidad y asombro solo pude mirar al cielo, caer de rodillas y maldecir ese día. Mi madre, al verme tan dolido e impotente, se levantó de su butaquita verde y puso un bolso en mis manos. Eso hubiera sido como si pusiera a mi conejita (Madame Cunill) inherte y sin vida en mis manos, pero algo me deslumbró y empecé a inspeccionar el bolso. Me fijé en su diseño, en sus acabados, en sus detalles, las bolsitas interiores para poner el móvil, el enganche para que no se te pierdan la llaves y entonces miré a mi madre para decirle: "Mamá, el mundo debe saber de este arte".

Albert, hijo de Marien, ex-coleccionista de discos.

 

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Concepto, ilustraciones y texto: Albert Comas.

Disseny i programació: Ferran Sintes.